Las mujeres, el gran tema pendiente

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Pasión por los Negocios

Por Demian Duarte

Sin duda que uno de los problemas más complejos que presenta Sonora en su vertiente social, es el asunto de la violencia hacia las mujeres y su expresión más tremenda es la incidencia de feminicidios, que en el caso de nuestro estado han alcanzado 45 en lo que va de este 2016.

Esa creo es la estadística más triste que enfrenta Sonora, en especial porque expresa una realidad que no quisiéramos que estuviera ahí, sin embargo existe, es profunda y tiene que ver en mucho con cómo somos los mexicanos y los sonorenses, en un perfil social.

Y mire la tragedia es que seguimos siendo una sociedad sumamente machista, que no estamos dispuestos a aceptarle a la mujer la posibilidad de crecer en lo personal y en lo profesional y que seguimos dándole ciertos roles de género, por lo que cualquier expresión de que las cosas puedan ser distintas, tiende a generar molestia y encono en algunos de los sectores más conservadores y por tanto más reaccionarios.

La agresión hace unos días a la senadora Ana Gabriela Guevara es una expresión clara de ese fenómeno, en donde para empezar un loco al volante le echa el carro encima, sin importarle sí la pudo lastimar, y mucho menos teniendo en cuenta que él mismo conducía una camioneta en la que viajaban junto a él su esposa y 2 hijos.

De hecho la agresión a la ex corredora olímpica entre 4 individuos, fue en plena conciencia de que era mujer y fue perpetrada por el sujeto en mención, pero también por su hijo y 2 sujetos que al parecer eran amigos de la familia.

 

La verdad es que la situación de la senadora y orgullo —no solo de Sonora sino de México entero, porque nos representó como país en la máxima justa deportiva y nos trajo la escasa alegría de venir con medalla en mano— es una expresión de lo más negativo que nos ocurre como sociedad.

El problema es que el tema causa revuelo en los medios por tratarse de quien hablamos, una estrella del deporte, una Senadora de la República, pero por su caso, creo que existen cientos de miles, sino es que millones de mujeres que son agredidas, y nadie dice nada o hace nada, ni la autoridad, ni los medios, ni sus familias.

Y mire traslado el tema a Sonora, usted sabe que hace ya quince meses nuestro estado es gobernado por una mujer, y que poco a poco esto ha traído consigo una agenda de género, en donde como ejemplo ya se legisló que el 50% de las candidaturas a presidente municipal sean ocupados por representantes del sexo femenino.

Vamos incluso cada vez más mujeres participan en los asuntos públicos y aunque se ha señalado la falta de mujeres en el gabinete de gobierno, la realidad es que son muchas las damas que están en posiciones importantes, relacionadas con la toma de decisiones en el quehacer del gobierno.

Se me vienen a la mente Natalia Rivera Grijalva, Karina Zarate, Elda Molina, Elly Sallard, Blanca Saldaña, Zayra Fernández, además por supuesto de las diputadas locales, Kitty Gutierrez, Flor Ayala,  Kiki Díaz Brown, Carolina Lara, Sandra Hernández, Lina Acosta, Brenda Jaime, Ana María Luisa Valdes, Celida López, Angélica Payán, Lisette López Godínez,  Iris Sánchez Chiu, Teresa María Olivares. También las federales Susana Corella, Silvana Beltrones, Teresa Lizaraga, además de las senadoras Ana Gabriela y Anabel Acosta.

Todas ellas son mujeres activas y muy valiosas, lo mismo que las miles y miles de sonorenses, trabajadoras, madres de familia, estudiantes, hijas, esposas, amigas y conocidas, y no se merecen de ninguna manera vivir en medio de la incertidumbre que una situación de violencia de género abierta propicia en contra de ellas.

Me parece que el problema es cultural, y que existe una tendencia a considerar normal, el que una mujer sea golpeada o abusada en sus derechos, o que existan situaciones de violencia sexual. Mire, recientemente un medio de comunicación estuvo publicando en sus páginas chistes, chascarrillos que hacen burla de la condición de las mujeres, no creo que lo hagan con mala intención, sin embargo publicar ese tipo de cosas en un contexto como el que se vive en Sonora, en donde las muertes se cuentan por decenas y las situaciones de maltrato por miles, es un asunto que me parece al menos preocupante.

Por eso es que la gobernadora Claudia Pavlovich decidió cambiar a la directora del Instituto de la Mujer, darle las gracias a Esther Salas y poner a Blanca Saldaña, para hacer un esfuerzo grande, serio y organizado desde el gobierno para enfrentar el problema, y la verdad es que es una empresa formidable, se trata de hacer entender a todos —incluso a las mujeres— que somos básicamente iguales ante la Ley, y aunque tenemos diferencias físicas e incluso de estructura de nuestro pensamiento, todos nos merecemos respeto y ser tratados con dignidad.

El asunto es de fondo, y puede tomar no solo años, sino generaciones que esto se asimile, se requiere claro de legislar al respecto, de educar desde la escuela, pero —ojo— también desde los hogares, para que las nuevas generaciones puedan operar ese cambio.

Se han dado en Sonora pasos gigantes en ese sentido, en especial porque hoy en día el liderazgo desde el gobierno lo ejerce una mujer, sin embargo al mismo tiempo que se avanza en la política, parece que en lo cotidiano, en nuestras casas y nuestros barrios, seguimos viviendo en las cavernas, donde impera la ley del más fuerte, y donde una mujer siempre llevará las de perder.

Ese es el gran tema a enfrentar en 2017.

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