Elena Reina- El País

A seis días de su toma de posesión, López Obrador ha convocado un encuentro inédito con personal del Ejército y la Marina en las instalaciones militares de Ciudad de México para anunciar que se convertirán en la pieza clave de la lucha contra la violencia. Ante una audiencia de unos 30.000 oficiales uniformados —es la primera vez que un presidente electo se dirige a las tropas— ha insistido también en la necesidad de crear el nuevo cuerpo militar previsto, la Guardia Nacional. El anuncio supone una declaración de intenciones para los próximos seis años de Gobierno. Lejos de enviar a los militares a los cuarteles, como había señalado durante la campaña, les ha conferido la misión más trascendente de su legislatura: la seguridad de un país que vive las peores cifras de violencia de su historia.

Imagen del encuentro de López Obrador con más de 30 mil efectivos de las Fuerzas Armadas

“Vengo a pedirles su apoyo, no a imponer nada, desde luego que podría ser una orden, pero no vamos a imponer nada (…) Estoy seguro de que voy a contar con el apoyo de ustedes porque sus familias, ustedes mismos, saben que tenemos el problema de la inseguridad y la violencia”, manifestó. Según las últimas cifras de la Secretaría de Gobernación (Interior), en México han muerto asesinadas 27.792 personas de enero a octubre, más de 76 homicidios intencionales al día. Y todo apunta a que este año se cierre un nuevo récord de violencia. El año pasado murieron asesinadas 31.174 personas —la gran mayoría por arma de fuego— un 27% más que en 2016 y más del doble que hace solo ocho años. Las cifras alertan sobre la delicada situación que sufre el país, más grave que en los años donde los muertos de contaban por decenas cada día, donde las portadas de los periódicos nacionales anunciaban grandes matanzas y los datos de 2011 —en plena guerra contra el narcotráfico— escandalizaban a toda la nación.

López Obrador anunció durante su campaña que los militares volverían a los cuarteles. Esto se debía a la cantidad de violaciones a los derechos humanos cometidas por las Fuerzas Armadas durante el conflicto abierto contra el crimen organizado —decretado en 2006, que todavía perdura y que se ha cobrado la vida de más de 200.000 personas y ha dejado decenas de miles de desaparecidos—. La Comisión Nacional de Derechos Humanos ha emitido desde 2014 seis recomendaciones al Ejército y la Marina por casos documentados de tortura, violencia sexual, detención arbitraria, desaparición forzada y ejecuciones extrajudiciales.

Pero él mismo y su equipo han cambiado de postura en los últimos meses, justificando la crisis de inseguridad que vive el país. Hace dos semanas, el presidente electo anunció la creación de un nuevo cuerpo militar, la Guardia Nacional, encargado de esta misión para los próximos seis años de Gobierno. Un grupo sometido a la jerarquía de las Fuerzas Armadas. Su máximo responsable será el propio presidente del Gobierno, seguido de cerca por su secretario de Seguridad, Alfonso Durazo. Pero el mando operativo, el día a día, correrá a cargo del secretario de la Defensa, un militar. Tras escuchar su anuncio, las organizaciones de defensa de los derechos humanos criticaron duramente la medida y advirtieron sobre los riesgos de “militarizar” aún más al país. Desde su partido, Morena, insistían estas semanas en sacudirse los demonios: la Guardia Nacional no será como el Ejército.

“Eso es lo que estamos proponiendo: ya no darle la vuelta, ya no andar con simulaciones. Y, ¿por qué defenderlo? Porque es muy grave la situación. Estoy proponiendo esto porque le tengo confianza al Ejército y a la Marina, porque son el pueblo uniformado”, ha insistido este domingo López Obrador ante las tropas. Y ha reforzado su propuesta: “Crearemos una fuerza uniendo la Policía militar, naval, federal. Esto significaría disponer de tres o cuatro veces más elementos de los que se tienen ahora. (…) Por eso, con toda claridad estamos presentando una reforma a la Constitución para que la Guardia Nacional pueda ocuparse de tareas de seguridad pública”. Morena, que tiene mayoría en el Senado y la Cámara de Diputados, presentó el martes pasado una iniciativa para reformar la Carta Magna y facilitar el encaje legal del nuevo cuerpo de seguridad.

Para finalizar, ha insistido en su apoyo a las Fuerzas Armadas, como la próxima pieza clave que garantice la solución que necesita el país sobre seguridad: “Sé de dónde viene este Ejército y le tengo confianza. Y, por si fuera poco, es un Ejército nacionalista que nuca ha estado subordinado a ningún gobierno extranjero. Reconozco su profesionalismo”.

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