López Obrador, la transformación es de a buenas

NACHA CATTAN, ERIC MARTIN Y DANIEL CANCEL-Bloomberg News

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, no ha parado un momento desde que ganó el mandato en una victoria aplastante en julio del año pasado.

Habla casi todos los días de la semana, a las 7:00 horas, desde Palacio Nacional, haciendo anuncios y respondiendo a innumerables preguntas de la prensa. 

Antes de eso, se reúne con su equipo de seguridad, a las 6:00 horas, para evaluar las cifras más recientes de delitos. Los fines de semana viaja en avión, en clase turista, fuera de la capital a lugares remotos como Zongolica, Veracruz y Huejutla, Hidalgo, para reunirse con los habitantes y promocionar sus programas sociales, que incluyen transferencias directas de efectivo a ancianos y jóvenes.

En sus ocho meses en el poder, López Obrador, de 65 años de edad, ha puesto fin a esa mezcla de rigidez y pomposidad que ha caracterizado a sus predecesores. 

Se deshizo del Estado Mayor Presidencial, conformado por docenas de guardaespaldas que tradicionalmente acompañaban al presidente, y cerró Los Pinos, la residencia de más de 450 metros cuadrados que ha albergado a 14 de los líderes del país desde 1934. 

En sintonía con su mantra de austeridad, puso a la venta el avión presidencial y no ha viajado al extranjero. Se saltó una reunión de líderes del Grupo de los 20 en Osaka el mes pasado, porque estaba demasiado ocupado lidiando con los problemas internos de México.

AMLO ha prometido una revolución. Y hasta ahora, el 70 por ciento de los mexicanos aprueba su gestión a pesar de una economía tambaleante. Pero, ¿cómo lo ve él?

El lunes, el mandatario accedió a hablar con el editor en jefe de Bloomberg, John Micklethwait, en su primera entrevista con un medio internacional desde que se convirtió en presidente en diciembre del año pasado. 

Se enorgulleció de su campaña anticorrupción, de los esfuerzos para reducir el gasto a los niveles más altos del Gobierno y de los aumentos del salario mínimo y pagos de la seguridad social.

A lo largo de la conversación, hizo referencia a la historia de México de los siglos XIX y XX, contando traiciones sangrientas y conquistas como si hubieran ocurrido ayer. 

En consonancia con su retórica de austeridad, el mandatario vive en un apartamento dentro del Palacio, después de haber abierto Los Pinos al público como centro cultural. Su vehículo oficial, un simple sedán Volkswagen blanco, está estacionado en medio de un patio.

López Obrador hace caso omiso de las críticas y mide el éxito y el fracaso de acuerdo con criterios distintos.

¿Su respuesta a una economía en desaceleración y una posible recesión? Definir el éxito a través del crecimiento económico es un concepto neoliberal obsoleto que no tiene en cuenta la felicidad y el bienestar. Quiere una mejor distribución de la riqueza.

¿Aumento de la delincuencia? Está enfocado en atajar los orígenes del problema a través de una mejor educación, políticas contra la pobreza y gastos específicos.

¿Rebajas de la calificación crediticia? AMLO dice que las agencias de calificación están siendo demasiado duras. Recompensaron a las administraciones anteriores con notas más altas para Petróleos Mexicanos (Pemex) pese a que la compañía acumulaba deuda y la producción se desplomó.

Ahora han comenzado a rebajar las calificaciones pese a que su administración se está esforzando en pagar la deuda, eliminar la corrupción y aumentar la producción.

Incluso hace comentarios positivos sobre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que ha amenazado con aplicar aranceles a los productos mexicanos. Lo llamó ‘aliado’ y destacó que había atenuado su retórica contra los migrantes mexicanos.

El área donde AMLO sabe que no puede fallar es en el equilibrio del presupuesto y en mantener la inversión extranjera en la economía. Pero los gestores de cartera no saben qué hacer con él. 

Sí, es un conservador desde el punto de vista fiscal y está reduciendo el gasto innecesario e intentando eliminar la corrupción en todos los niveles. 

Pero también es impredecible: canceló el Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), con un valor de 13 mil millones de dólares, y suspendió subastas de energía clave para compañías petroleras privadas, aunque dice que ha pagado las obligaciones del aeropuerto y podría reiniciar estos procedimientos.

Esa austeridad, que los mercados normalmente adoran, parece estar mal posicionada para el crecimiento. 

El líder señala que recortar gastos es una cuestión de principios: “Es un asunto de principios, es terminar con los lujos; no puede haber gobierno rico con pueblo pobre”. 

Pero ha recortado el presupuesto más que cualquier nuevo Gobierno desde el ‘efecto tequila’ en 1995, a pesar de que la economía podría haber entrado en una leve recesión en el segundo trimestre.

El discurso pausado y lento de AMLO contrasta con sus ambiciones de acabar con las estructuras políticas y sociales a las que culpa por impedir que México desarrolle su potencial y mejore la vida de más de 120 millones de personas.

«Yo tengo un sueño que quiero convertir en realidad”, declaró. “Va a llegar el día durante mi gobierno que no van a ir mexicanos a trabajar a Estados Unidos, porque el mexicano va a tener trabajo y va a ser feliz donde nació”.

Para que eso suceda, López Obrador no va a poder descansar pronto.

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