José Antonio Hernández-El País

El músico y su pareja desde hace 20 años han contraído matrimonio en una ceremonia celebrada por el ministro Marlaska y con Serrat como padrino

Joaquín Sabina y Jimena Coronado ya son marido y mujer. El cantante y la que es su pareja desde hace 20 años han contraído matrimonio en el registro civil de la calle Pradillo de Madrid, a las doce de la mañana de este lunes. La boda inicialmente la iba a oficiar la secretaria del juzgado, la letrada judicial pero al enterarse el ministro del Interior Fernando Grande-Marlaska de los planes de la pareja decidió hacerlo él ya que le une con ellos una gran amistad. Tras el enlace, el nuevo matrimonio ha salido por la llamada “puerta de bodas” ante la sorpresa de los presentes.

Jimena Coronado y Joaquín Sabina, la pareja ícono vs la tristeza del Covid-19

Fue un enlace al más estilo Sabina, sin protocolo previo, llamando sobre la marcha a los íntimos para que se sumaran. “Estoy feliz por Jimena y por los amigos que nos han acompañado”, declaró el cantante a este periódico durante el largo almuerzo que siguió al enlace civil. En ese momento eran 30 personas, pero en la sala del juzgado solo unos pocos: sus dos hijas, Carmela y Rocío, que actuaron de testigos, y Serrat y su esposa Candela, que fueron los padrinos. “Cuando Jimena cumplió 50 años y tras 20 juntos le dije que teníamos que casarnos. Quería que ella tuviera los papeles en este país y todo el reconocimiento. Así que cuando esta horrible pandemia nos lo ha permitido nos hemos casado”. El músico siente devoción por su ya esposa, su compañera de vida y de muchas cosas. Pero Sabina no perdió el humor al ser preguntado sobre si esta boda significaba que ya había sentado la cabeza. “No te creas”, respondió entre risas.

A la ceremonia, el cantante, de 71 años, acudió con mascarilla e iba vestido con un traje azul, una camiseta negra, zapatillas de deporte, un sombrero de paja y unas flores en la solapa. Jimena, también con mascarilla, iba vestida con unos pantalones a juego con el traje de Sabina y una blusa clara, y portaba un discreto ramo de flores. Algunos de los amigos se enteraron de la boda por este periódico y al llamar al cantante para felicitarle los fue sumando a la celebración. Sabina contaba con ellos pero muy a su estilo se había olvidado de avisarles. Entre la treintena de íntimos estaban los escritores Luis García Montero y Almudena Grandes, el cineasta Fernando León de Aranoa, el periodista Jesús Maraña e Isabel Oliart, la madre de sus dos hijas, con su actual pareja.

La de Sabina y Coronado ha sido una boda por sorpresa solo a medias. A principios de noviembre de 2019, el cantante Joan Manuel Serrat desveló que su compañero se había arrodillado para pedirle matrimonio a su pareja. Serrat y Sabina charlaron durante su gira argentina con el programa Teleshow y, entre bromas y guiños, contaron que el de Úbeda sorprendió a Jimena Coronado con una propuesta de matrimonio. “Doblé la cerviz y en verso…”, desvelo el jiennense en la televisión argentina.

La pedida de mano tuvo lugar en la fiesta del 50º cumpleaños de Jimena. Fue entonces cuando Sabina, de 71 años, no dudó en arrodillarse ante ella y frente a todos los invitados, algunos de ellos cómplices de lo que iba a suceder, le entregó un anillo y no tuvo miedo de entonar un poema para ella. “Ya sabemos lo ceremonioso que es”, contaba en noviembre a este diario el editor Chus Visor, uno de los presentes a la celebración.

La pareja se conoció en 1999 en una suite del hotel Sheraton de Lima, donde ella acudió como fotógrafa del diario local El Comercio para realizarle un reportaje. Tras las fotografías, esa noche quedaron en un bar de Lima, la ciudad natal de Jimena Coronado, que es hija del expresidente del Banco Central de la Reserva peruana: Pedro Coronado Labó. Sabina, por supuesto, llegó un par de horas tarde. Los dos tenían pareja entonces, pero cuando esas relaciones acabaron volvieron a retomar el contacto: ella le mandó una larga carta que él tardó cuatro meses en decidirse a abrir. Cuando lo hizo, volvieron a encontrarse en México, donde pasaron unos días juntos.

Desde hace años, la pareja vive en Madrid, en la céntrica plaza de Tirso de Molina, junto a media docena de gatos, donde Sabina compone y ella gestiona su agenda y sus asuntos. Durante el confinamiento obligado por la pandemia del coronavirus, se les ha visto aplaudir al personal sanitario a las ocho de la tarde desde su balcón. Estos días, el cantante no ha hablado apenas con nadie, ni ha concedido entrevistas, aunque el pasado mes de abril charlaba con Jordi Évole sobre el accidente que sufrió el pasado febrero en Madrid, cuando tropezó en el escenario de un concierto y tuvo que pasar por la UCI. “Sé que me enrollé en un cable y que, al siguiente paso, me pegué el hostión. Pero el hostión fue más fuerte de lo que pensáis”, explicó. Sabina aún sufría“un hematoma en la cabeza”, pero contaba que se encontraba “bastante bien”. “No puedo tocar la guitarra porque un brazo todavía no da mucho de sí”, relataba con tristeza. “Eso me hubiera consolado mucho en el confinamiento”. También lamentaba la muerte de su querido amigo Luis Eduardo Aute.

Este es el segundo matrimonio para Sabina, que el 18 de febrero de 1977 se casó con Lucía Correa, más por interés que por amor, como él mismo ha contado: “Yo era un hippie total y me quería suicidar por tener que ir al ejército. Entonces me enteré de una fórmula: si te casabas, podías ir a dormir fuera del cuartel todas las noches. Inmediatamente llamé a todas las chicas que conocía. Y ella fue la única que me dijo que sí. El matrimonio duró lo que duró la milicia: muy poquito”. Además, el músico tiene dos hijas de una larga relación con Isabel Oliart, Carmela y Rocío.

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